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La idea no llegó de golpe. Desde el 2020, algo me decía que tenía que hacer un podcast. Invité amigos, invité amigas, escribimos guiones, grabamos demos. Quería que fuera útil — de historia, de ciencia, de algo que realmente importara. Pero cada vez que lo intentábamos, el resultado no me convencía. No me gustaban las ideas que salían. No me gustaba lo que yo mismo daba. Salí de un proyecto. Volví a intentarlo. Salí de otro. Y así, durante años, la idea siguió viviendo en mi cabeza sin encontrar su forma.
Mientras tanto, yo pasaba por lo mío. Problemas familiares, personales, con amistades. Momentos donde uno necesita apoyo y no sabe bien dónde encontrarlo. Siempre me ha gustado ayudar a los demás — pero muchas veces me ha costado encontrar a alguien que me ayude como yo realmente necesitaba. Porque hay algo que aprendí en esos años: a veces "todo va a estar bien" no alcanza. A veces uno necesita sentir que no es el único que la está pasando mal. Eso no se explica — se siente. Es como un abrazo que aterriza la magnitud del problema y te recuerda que el mundo sigue girando.
Hubo una noche, en pandemia, en mi cuarto, donde todo me salía mal al mismo tiempo. Las notas, la familia, la soledad, la sensación de no tener a nadie. Estaba tan mal que me golpeaba el pecho, lloraba, y solo escuchaba ruido en mi cabeza — un ruido que no paraba. Hasta que de un momento a otro, ese ruido se convirtió en música. Había dejado una canción sonando sin darme cuenta. Las lágrimas pararon. Respiré. Y casi como por arte de magia, mi mejor amigo me escribió para invitarme a jugar, y una chica con la que no hablaba hace tiempo me dijo que siempre quiso intentar una relación conmigo. Todo se acomodó de golpe. No entendí por qué en ese momento — pero ese momento nunca se me olvidó.
Después vino Argentina. Lejos de casa, estudiando, pasándola difícil también. Y fue ahí, en ese país, solo en un cuarto que no era el mío, donde todo conectó. Los consejos de mi madre — "hay que ver más allá de los ojos". Los ejemplos de mi padre — "la jarra sigue siendo la misma, pero si la giras, ves más, y puede que incluso se vea mejor". Las ganas que tenía desde hacía años de escribir un libro llamado Mi Visión. El dibujo, la música, la necesidad de crear algo humano que realmente ayudara. Todo se juntó en un instante. Y nació Otra Visión .
En 2024, después de años de intentos, de dudas y de darle vueltas, por fin lo publiqué.
Cada episodio nace de algo que yo mismo viví, sufrí y superé. Pero no escribo desde el dolor — escribo desde las cicatrices. Desde el otro lado del problema. Porque solo cuando ya encontré las respuestas, los autores, los pensamientos, las estrategias que funcionaron conmigo — y también donde me equivoqué — recién me siento con el derecho de escribirlo. Y cuando llega ese momento, lo hago con entusiasmo, con amor, buscando cada canción, cada analogía, cada historia que haga que lo que escuchas no solo se entienda, sino que se sienta.
Por eso el primer episodio fue El poder de la música. Porque yo mismo la uso como herramienta todos los días: para llorar cuando necesito soltar, para levantarme cuando estoy caído, para prepararme antes de algo importante, para tranquilizarme cuando todo parece desbordarse. La música me salvó aquella noche en pandemia — y quería que más personas entendieran por qué funciona así, no solo que lo sintieran. Ese es el sello de Otra Visión: el porqué detrás de lo que ya intuyes.
Cada episodio tiene tres capas. La primera es mi experiencia real — anécdotas, momentos míos, errores míos — para que sepas que no te habla alguien que leyó sobre el tema, sino alguien que lo vivió. La segunda son las voces que me ayudaron a entenderlo: filósofos, psicólogos, autores que han escrito sobre eso. La tercera es una analogía central que le da vida a todo y hace que la idea se quede contigo mucho después de que termines de escuchar.
Hay episodios que se sienten como un abrazo, como "¿Cómo superar un capítulo de crisis personal?" — donde cuento lo que viví en pandemia — o como "¿Cómo superar el miedo y la zona de confort", cuyo eje es el teatro: lo que significa animarte a pasar al otro lado del telón. Y hay episodios que se sienten como un grito de guerra, como "Sé "EL CABALLO GANADOR" de tu vida", donde la metáfora son las carreras — no contra los demás, sino contra la versión de ti que se quedó parado. Cada uno habla distinto, porque cada problema necesita una voz distinta.
Para cualquier persona dispuesta a salir adelante. Sin importar la edad, el punto de partida, ni cuántas veces hayas intentado y fallado. No hay un perfil. No hay un requisito. Solo la disposición de querer ver las cosas diferente.
Para cuando estés en esa madrugada donde todo se cuestiona y las preguntas más difíciles aparecen sin aviso: "¿Cuál es el significado de la vida?", "¿El dinero de la felicidad?", "¿Quien soy?". Para esos momentos, con solo buscarme, aquí estoy.
Porque yo he tenido suerte. Muchas veces logré salir solo — y hay personas que no pueden. Esa diferencia no es mérito, es fortuna. Y quien ha tenido la fortuna de encontrar el camino tiene la obligación de iluminarlo para quien todavía no lo ve.
Creo que todo problema es resoluble, salvo la muerte. Y aun así, la muerte se vuelve más comprensible cuando entiendes la vida. Por eso mezclo ideas, arte y ciencia — para que puedas redibujar tu punto de vista y, con él, tu realidad.
Porque cuando formas parte del problema, es fácil sobredimensionarlo y sentirlo como tragedia. Al alejarte unos pasos, descubres que el monstruo era solo una sombra proyectada sobre la pared.
Si algo de lo que leíste resonó contigo, el siguiente paso es simple: escucha. Empieza por el episodio que más te llame y déjate llevar.
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